“Estamos en miras de poder construir un edificio en madera”

Imagen gentileza Corma.

La gerente de Madera21 y ferias de CORMA, Carolina Hurtado, destaca el avance de Chile en el uso de madera en la construcción. La industrialización, la sostenibilidad y la incorporación de nuevas tecnologías están posicionando este material como una solución real para enfrentar los desafíos ambientales, sociales y económicos del país.

La madera, que por décadas estuvo asociada únicamente a viviendas rurales o construcciones tradicionales, está viviendo una nueva etapa. Así lo plantea Carolina Hurtado, gerente de Madera21 y ferias de la Corporación Chilena de la Madera (CORMA), quien destaca cómo el impulso técnico, académico y productivo ha ido posicionando a la madera como un material confiable, versátil y con valor agregado.

“La idea fue poder ser un área especializada en desarrollar la arquitectura, construcción, ingeniería e innovación en madera”, explica sobre el rol de Madera21. Hoy, ese enfoque se proyecta con decisión: “Incentivar el uso de la madera de manera correcta para finalmente generar estos productos de mayor valor agregado, que sean confiables y amigables también con el medioambiente, y que aporten al cambio climático”.

El crecimiento ha sido paulatino pero firme. “En principio nadie usaba madera, y de a poco hemos visto que se ha ido perfeccionando, se han desarrollado tecnologías nuevas (…) y bueno, estamos en miras a poder construir hasta el edificio en madera, para allá vamos”.

La madera ya no es solo tradición

Hurtado enfatiza que la mirada sobre la madera ha cambiado profundamente: “Antiguamente hubo bastante uso de madera en casas de adobe, madera antigua, roble, raulí (…) luego, cuando ya se generan estos bosques de especies plantadas, como el pino y el eucalipto, en ese momento es cuando ya comienza a generarse mayor desarrollo de tecnología”.

El desarrollo tecnológico ha sido clave: “Se comenzó a generar nuevos productos, como el CLT (madera contralaminada), el LVL (madera laminada con chapa), y estos obviamente tienen una mayor capacidad estructural que el pino normal”. Y agrega: “Hasta géneros, telas, son capaces de salir del árbol”.

Además del valor técnico, Hurtado destaca su aporte ambiental y social: “La construcción constituye más del 30% de industria que genera residuos, y eso, obviamente, para nosotros es una pena”. Frente a eso, la madera ofrece una respuesta concreta: “Lo que hace con el CO₂ es retenerlo, terminan siendo sumideros de carbono”.

Y en lo económico: “Actualmente da alrededor de 220.000 empleos directos de gente que trabaja alrededor de los bosques, eso sin considerar construcciones”. También hay un efecto en equidad de género: “Ahora existe una mayor incorporación de la mujer en procesos productivos, constructivos”.

Consultada por la preparación del rubro para trabajar con madera, Hurtado es clara: “Estamos en proceso, porque hay constructoras que ya se están capacitando”. Y hay avances clave desde la academia: “Las universidades también están impartiendo un montón de diplomados, magíster, en construcción industrializada en madera, es una buena señal”.

A pesar del discurso oficial sobre sostenibilidad e innovación, las normativas aún responden a lógicas del siglo pasado. En la práctica, la legislación chilena sigue hecha a la medida del hormigón.

¿Hay frenos institucionales?

Aunque evita culpas explícitas, Hurtado revela un problema más profundo: un sistema burocrático que, por diseño o negligencia, sigue dificultando la masificación del uso de la madera. “Hay algunas casas industrializadas que ya están certificadas y son de madera. Eso es una buena señal”, afirma. Sin embargo, advierte que todavía hay mucho por destrabar: “Las políticas públicas son importantes, porque ellos están posibilitando que se use la madera, obviamente en condiciones especiales”.

La interpretación es clara, el Estado ha comenzado a abrir la puerta, pero aún no saca el pie del freno. Entre normativas técnicas desactualizadas, financiamiento rígido y criterios de evaluación que siguen priorizando lo tradicional. A pesar de su comprobado desempeño en Chile y el extranjero, la madera aún debe justificar su uso frente a estándares pensados para el hormigón.

“En principio nadie usaba madera, y de a poco hemos visto que se ha ido perfeccionando, se han desarrollado tecnologías nuevas (…) y bueno, estamos en miras a poder construir hasta el edificio en madera, para allá vamos”.

Sobre los cambios culturales, Hurtado cree que hay un giro positivo: “Ya está en la mente de muchas personas que les gusta la madera (…) la gente dice, pero qué cosa más linda, porque efectivamente la madera es un material que permite como una sensación de confort distinta al hormigón y a otros materiales del acero”.

Pero también hay tareas pendientes: “Antiguamente se hacían las casas de madera, y la madera no era de buena calidad. Entonces eso hizo que muchas se fueran deformando y mostrando todo lo malo que puede tener una madera que está húmeda y que no es dimensionada correctamente”.

Lo que viene

La industria forestal ha comenzado a mirar más allá del tronco bruto: “Antes nosotros solo exportábamos la troza, o la pieza, entonces ahora ya se está viendo que hay otros productos derivados de los árboles que se pueden usar, hasta telas”. Y concluye: “Yo creo que el sector se ha ido modificando, aprendiendo, y evolucionando”.

Finalmente, Hurtado invita a sumarse: “Desde Madera21 ahora estamos en pleno llamado para que participen en los concursos de Madera21, tienen plazos hasta fines de julio para presentar proyectos (…) y lo último, que los esperamos también en la Semana de la Madera, que se va a hacer entre el 9 y el 12 de octubre en Santiago, en el Parque Bicentenario de Vitacura”.

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